
Decidí independizarme a los 8 años cuando mi abuela me ofreció el último cuarto que estaba al fondo de mi casa para dormir.
Ya han pasado 11 años y amo ese cuarto. Es tan igual a mi, lleno de confusión, desorden, con freses escritas en la pared donde esta grabado gran parte de mi ser.
Es lo único que me representa es mejor que un diario, esto es mas abierto.
Pienso que es especial, extraño, a algunos les da miedo, a otros desconcierto, pero a mi me encanta.
Cada palabra escrita en mi pared refleja lo que fui, lo que soy, toda frustración, emoción todo lo que grito en silencio esta grabado ahí.
Aunque mis padres siempre me digan que pinte mis paredes, nunca lo haré, aunque me digan que ordene mi cuarto no lo haré.
Paso el mayor tiempo ahí, cuando siento mucha presión, estrés, siempre me refugio ahí para hablar con mi conciencia.
Es un mundo diferente a lo de afuera, es calmado, oscuro, a veces con unos rayos de sol que me fastidia.
Recuerdo cada cosa que pase ahí, cuando alguien dejo una frase en la puerta de mi cuarto y no lo borré.
Hay una radio vieja, una tv a blanco y negro que nunca uso, una almohada en forma de hueso que duermo abrazando, una caperucita roja tuerta, un montón de cajas de zapatillas donde guardo porquerías, bolsos tirados, cuadernos, libros posters de Kaka, Owen y Beckham, y algo que es infaltable mi plumón negro que tengo por si me dan ganas de escribir en las paredes.
Este es mi cuarto lleno de desorden, pequeño de color verde, donde me gusta permanecer y eso me hace sentir bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario